icono_camara2 Crónicas

I
“Las bandas armadas que el propio gobierno pagaba y proveía con armas se encargaron de sembrar el terror en medio de una pacífica marcha”, dice en off una locutora de Venevisión, mientras vemos imágenes de dos hombres disparando desde Puente Llaguno, en un microreportaje transmitido en la edición matutina de El Informador del 12 de abril de 2002. Aunque nunca se ve a quién disparan es imperativo creerle a la voz que habla desde el televisor.
“Todos nos horrorizamos viendo cómo disparaban a mansalva sobre una multitud inerme. Porque realmente lo que había del otro lado, y eso lo pueden atestiguar todos los camarógrafos y los reporteros de televisión que estaban allí, era la gente, estaban disparando desde arriba sobre la gente que venía en la manifestación”, dice a cámara Maky Arenas, narradora de noticias de Globovisión, también durante la mañana del 12 de abril. En su programa tampoco se publicó la imagen que demostrara lo que las palabras decían pero a ella también había que creerle, así como a los camarógrafos y reporteros que estuvieron allí y fueron testigos, aunque no hayan tomado un video o una foto de aquello que presenciaron. ¿Para qué iban a hacerlo? Si son periodistas debíamos creerles y punto. Bastaba su palabra.
“Allí los vemos, disparando escondidos contra los manifestantes que venían en forma pacífica. Miren a éste, cómo le desacargó la pistola sobre los manifestantes que de una forma pacífica…”, dice la voz de Unai Amenábar en una nota de la emisión estelar del Informador de Venevisión del 11 de abril.
Ese día y el anterior, en Venezuela los medios de comunicación de masas llegaron a un punto de clímax en su tarea de inocular el odio político y de clase en nuestra sociedad. Ese día terminaba de cobrar forma el gran personaje hacia el cual la base social opositora al gobierno bolivariano debía dirigir toda la indignación, toda la rabia, y toda su capacidad de odio: el presidente Chávez y la clase popular venezolana. Si un presidente y sus seguidores asesinan de este modo, ¿no merecen, acaso, el odio de todo un país? Con ese argumento se logró derrocar al presidente Chávez.
Aunque meses después se demostró que quienes disparaban desde el puente lo hacían defendiéndose contra el ataque a tiros de la policía y de francotiradores, el daño ya estaba hecho. Son millones quienes aún hoy en día creen la versión inicial, la falsa, la manipulada.
Y está por completo demostrado quiénes fueron los instrumentos para ejecutar tal tarea. A confesión de parte, relevo de pruebas: “Hay dos claves: la rebelión de PDVSA y la rebelión de la televisión es lo que determina la caída de Chávez, porque a Chávez no lo tumbaron los militares”, afirma el periodista Rafael Poleo, entrevistado por Napoleón Bravo en su programa matutino del 12 de abril transmitido por Venevisión. “Gracias Venevisión, gracias RCTV, gracias Televen, gracias CMT, gracias Globovisión. Gracias medios de comunicación”, corean en acción de gracias sus invitados al programa de esa mañana, entre quienes estaba el joven alcalde de Chacao Leopoldo López. “El trabajo de los dueños de los medios, que arriesgaron no solamente su vida sino también sus millones, es digno de aplauso”, cierra diciendo, con broche de oro, el inefable Napoleón.

II
En el principio fue el miedo. Primero se sembró y cultivó el miedo y luego el odio. Y en esto también fueron determinantes los medios de comunicación.
“Diversas voces de protesta se manifestaron este martes tras el incidente ocurrido la víspera, cuando una turba se presentó a las puertas del diario El Nacional. Los manifestantes dijeron ser de los llamados círculos bolivarianos”, relata la narradora de noticias de RCTV, antes de continuar con la nota en la que se veía a los chavistas haciendo brujería en la manifestación. “¿Usted quiere conocer quién están detrás de este tipo de manifestaciones? A continuación presentamos a una de sus protagonistas”, narra una voz femenina mientras, en cámara lenta, vemos imágenes de una misma mujer en distintas manifestaciones: su rostro siempre aparece subrayado adentro de un círculo rojo.
“Es que a lo mejor el presidente no estuvo bien informado de las personas que mandaron ellos mismos, un grupo de invertebrados, pues; usted conoce muy bien la clasificación de los invertebrados, usted los puede muy bien calificar: protosoarios, celenterios, esponjiarios, equinodermos, moluscos, gusanos o artrópodos”, dice a cámara el periodista conocido como Mingo, cuyo programa era transmitido por Globovisión.
Estos recursos audiovisuales, junto a expresiones como “círculos del terror” o “bandas armadas” repetidas una y otra vez, fueron el caldo de cultivo para lograr la verosimilitud que permitiera percibir como normal que el 11 de abril “personas como éstas” asesinaran a sangre fría a los pacíficos manifestantes de oposición.
Creados el miedo y el odio, quedaban establecidos los argumentos con los cuales construir el consenso en la base social de la oposición en torno a la necesidad de perseguir, detener, agredir e, incluso, asesinar a los dirigentes del chavismo y a la gente de las clases populares identificadas con el presidente Chávez.
El mismo 11 de abril en la noche, en la televisión privada comenzó a predicarse la necesidad del exterminio. En un programa de entrevistas de RCTV, que tuvo como invitado al jefe de la Policía Metropolitana de entonces, el comisario Henri Vivas, el periodista interrogaba: “¿Qué va a pasar con esos círculos bolivarianos que están armados, que son peligrosos, que son violentos y que tal vez no acepten esta salida? ¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo la Policía Metropolitana va a enfrentar eso?”.
En otro programa esa misma noche, esta vez de Globovisión, en donde también estuvo el comisario Vivas, el periodista le decía: “La pregunta es: ¿dónde están esas personas armadas? Porque ésa es una de las grandes angustias que le queda a la población venezolana. ¿Siguen en los cerros de donde los mandaron a bajar ayer? ¿Dónde están y qué van a hacer ustedes para desarmarlos?”. Impasible, el comisario respondió, en ambos casos, que ya la persecución se había iniciado, que el país podía dormir tranquilo de ahora en adelante.

III
En el actual contexto insurreccional desencadenado por la oposición venezolana, en el cual han fallecido ya 29 compatriotas, ya no hace falta llamar con demasiada fuerza al odio y a la retaliación, y tampoco a la persecución, a la agresión y al asesinato. Ya el germen fue sembrado tiempo atrás. Hoy los resultados comienzan a aflorar.
Cada muerte, cada ataque, es inmediatamente acompañado de la respectiva afirmación de que fue cometido por los colectivos armados del chavismo o por los cuerpos de seguridad o por infiltrados puestos por el gobierno en las movilizaciones pacíficas de la oposición. Y esto jamás es puesto en duda. La sentencia se emite en minutos y se viraliza en las redes sociales: el gobierno es criminal y sus seguidores también.
Sembrados y cultivados el miedo y el odio, la siguiente vuelta de tuerca es simple, aunque no por ello menos grave. Cuando los fallecidos son chavistas, se difunde también masivamente la aprobación de esa muerte, la satisfacción porque haya ocurrido, la justificación. Llegan a leerse cosas realmente aterradoras: “Era un venezolano, pero era chavista. No se pierde gran cosa”. “En algún momento nos habremos librado por completo de esa plaga, de ese cáncer que es el chavismo”. “Chavista no es gente. No suframos demasiado por eso.” Incluso circuló por wassap una oración en la que se le pedía a Dios la desaparición no sólo del Presidente Maduro y toda la dirigencia, sino de todos los chavistas y los cubanos que están en Venezuela.
Mientras el gobierno bolivariano esté en el poder, esas fuerzas sembradas y desatadas en nuestro tejido social, aunque continuarán existiendo, permanecerán siendo contenidas, contrarrestadas, atacadas. Los cuerpos de seguridad pública, la FANB y los cuerpos de inteligencia trabajan en esa tarea. Las posibles respuestas ante el hipotético caso contrario no son muy alentadoras.

IV
En el Manual FM 3-24 del Departamento de Estado de los EEUU se definen las líneas de sus nuevos métodos para intervenir países. En un trabajo de Carlos Lanz, algunas de estas líneas aparecen sintetizadas así:
“Profundizar las contradicciones internas y explotar las diferencias étnicas-culturales del país a intervenir”. En el caso venezolano no se dan caracterísitcas socioculturales, étnicas o religiosas que puedan fácilmente ser exploradas en este sentido. De allí que hubiera que fabricarlas centradas en el odio político y de clase. Hace casi 20 años se viene trabajando nuestro tejido social en este sentido.
“Incentivar paros y movilizaciones de calle, empujando la conflictividad social para convertirla en un vector de la acumulación de fuerza en lo militar. Eslabonar las formas de lucha y organización: de los reclamos pacíficos y legales a la acción directa o lucha de calle violenta, de allí a las acciones armadas, conformando estructuras de ejércitos que puedan librar combates de envergadura como la toma de instalaciones, barrios o áreas urbanas, que aparecen como zonas liberadas”. El mes de abirl de este año es la mejor prueba de la aplicación de esta línea en el país. Los ataque ocurridos en El Valle y en San Martín apuntan en esa dirección.
“Entrenar y dotar de armamento, al igual que apoyo logístico a las fuerzas oponentes”. De esto también hay suficientes pruebas. Basta ver el caso del armamento decomisado días atrás en una alcabala del estado Mérida, o el caso de la Finca Daktarí en el año 2005.

V
El gobierno ruso, acaba de pronunciarse sobre estas formas de intervención en Venezuela: “Que los mal llamados ‘ingenieros sociales’ que desde afuera instigan a la desobediencia se fijen detenidamente en los resultados de sus actividades en Siria, Libia, Yemen y también en Ucrania. ¿Cuál es la finalidad de lo que están haciendo las fuerzas externas en Venezuela? ¿Acaso pretenden obtener los mismos resultados?”.
También el presidente Sirio, Al Assad, habló al respecto: “En Venezuela se están aplicando las mismas tácticas de guerra que fueron ejecutadas durante el inicio de la intervención militar en Siria (…). Si el plan es uno y el ejecutor es uno, es normal que el escenario en ambos países no sólo se parezcan sino que sean idénticos (…) Al principio las manifestaciones en Siria eran pacíficas pero al ver que no se propagaban, infiltraron en ellas a sujetos para disparar a ambas partes contra la policía y protestantes, lo que produjo muertos y empezaron a decir que el Gobierno mataba al pueblo”.
¿Quedan dudas de que estos métodos de intervencionisno son los que se están aplicando en el país? ¿No son, acaso, tangibles sus resultados? He allí la bomba de tiempo a la que apenas le estamos empezando a ver el rostro. ¿Veinte años de intervención son suficientes para activarla? ¿Quiere la oposición venezolana hacerlo?

Eduardo Viloria Daboín

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